Archivada en (Genera) por José Angel Barrueco el 28-04-2009
El destino me había enviado deudas y dos demonios para que destruyesen mi novela justo al acabar su redacción, justo cuando ella iba a recibirla. La fatalidad me puso en deuda con Lombardo para llegar a ese momento. Eran señales que presagiaban la destrucción definitiva del libro. Puede que para hacerme fuerte de una maldita vez.
Quizá fuese aquel el sacrificio exigido por el cielo. Aprender a desplegar los sentimientos. Terminar por fin una novela y no rechazarla, ni arrojarla a la basura. Un proceso de abandono, un proceso errático, un proceso para adquirir madurez y empezar desde el principio en todos los ámbitos de mi vida: la escritura, el amor, el trabajo.