-¿No tenías copias?
-No, ya sé que fue un error, pero la he escrito estos días. A mano. No he tenido tiempo de pasarla a limpio. De hecho, la acabé hace un rato. Y era para ti.
-¿Para mí?
Se le agrandaron los ojos y quise meterme dentro, perder mis piernas y mis brazos en esa sinuosidad de colores, en ese baile de reflejos, ardores y engaños, donde mi angustia se calmase y mi cuerpo se relajara.
-Sí, para ti.
-No importa. Escribirás otras novelas. He venido porque quería decirte que podemos intentarlo. Te eché de menos.
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