Archivada en (Genera) por José Angel Barrueco el 22-04-2009
Lo dijo como si le doliese. Es curioso, pensé, estar solo disfraza el tiempo; perder a un ser amado detiene las horas, alarga los días e intensifica las noches y los insomnios.
Tres días. ¿Cómo había hecho tantas cosas en tres días? Supongo que en un estado casi mágico de sonambulismo, de inconsciencia. Me habían roto el corazón y las muelas, me había emborrachado varias veces, recorrido la ciudad, conversado con amigos y desconocidos y escrito una novela convertida ya en cenizas, devorada por el fuego sin piedad. Ese tiempo sigue siendo confuso. Quizá mezclé los acontecimientos de otras soledades en mi cabeza, o me mantuve en un estado catatónico, o la conmoción del abandono hizo que el tiempo me pareciese infinito, lento, soporífero.