Archivada en (
Genera) por José Angel Barrueco el 31-03-2009
Rubén Matías trabajaba en una oficina y nunca le conté lo de mis tejemanejes con Lombardo. Él no era uno de esos oficinistas tediosos o compungidos por la silla y la esclavitud. Me refiero a esa clase de tipos que salen del trabajo y trabajan en casa, y carecen de novia y vida social, y bostezan cuando pasan las chicas guapas por delante. A Rubén Matías le gustaba lo exótico, los países remotos en donde el progreso no hubiera clavado su cuchillo, las costumbres extrañas o sorprendentes, las mitologías y las raíces indias, las pipas de los orientales y la evasión del espíritu. Soñaba con irse un día y dejarlo todo atrás. Un caminante con la carretera para él solo y un futuro pleno de incógnitas, en pos de la aventura.
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Genera) por José Angel Barrueco el 30-03-2009
El antiguo camarada de colegio que me servía de prestamista se llamaba Federico Lombardo. Era de ascendencia italiana, creo. Nunca me interesé por su vida. Lombardo. Con ese nombre no asustaba mucho, tampoco creo que lo pretendiese. Federico Lombardo no era un matón, sólo llevaba un negocio sucio con mano firme e iba enriqueciéndose. Maldita sea, ¿por qué no aprendí de él? En esta vida hay que conducirse con cartas marcadas. Sólo que no tenía una miserable carta de la baraja. Y así me iba. Probablemente por eso me dejó ella, sostuve en silencio.
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Genera) por José Angel Barrueco el 29-03-2009
Él asintió a su vez, bajando los ojos, paseándose la mano hasta la nuca en un gesto de impaciencia, como si estuviera incómodo. Lo estaba y terminó soltándomelo.
-Espero que ésta la acabes. Me gustaría leerla.
-Descuida. Le quedan cuatro o cinco páginas. Y quiero acabarla en breve.
Te escribiré esa novela y sabrás de qué pasta estoy hecho. No me crearon con el material con el que se construyen los sueños, nena, pero sí me hice a mí mismo de barro y sangre, de carne y hueso, de literatura y sacrificio. Esta vez era cierto.
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Genera) por José Angel Barrueco el 28-03-2009
Me preguntó por ese manuscrito, porque se dispersaban los folios por la mesa como una baraja rota de cartas marcadas. Tenían lamparones, manchas de café y alcohol, briznas de hierba pegadas a algunas páginas, tachaduras y correcciones hechas sobre la marcha. Pero quería entregárselo así, sin hacer copia. Un manuscrito purísimo, como el mineral recién extraído de la mina.
-Es una novela.
-¿Otra novela?
Asentí.
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Genera) por José Angel Barrueco el 27-03-2009
No le dije nada sobre ella. Prefería que, de momento, nadie se enterase.
-Bueno, no puedo quejarme.
Se lo contaré la semana que viene. Vamos a esperar a la reacción de ella cuando reciba la novela. Quizá volvamos a estar juntos. O seguro que no.
-¿Y tu chica?
-Uf, muy liada. Cosas de casa. Están cambiando algunos muebles de sitio y necesitan su ayuda.
Menuda mierda de excusa, pensé. ¿No eres capaz de inventar nada mejor?
-Ajá.
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Genera) por José Angel Barrueco el 26-03-2009
Ella terminaba su jornada y dedicábamos la tarde a lo nuestro. La familia solía obsequiarme con regalos orales: exabruptos, alusiones a la vagancia y otras lindezas. Nunca pude quitarles la razón. Si te dedicas a tocarte los cojones no puedes defender tu nombre de los ataques continuos.
Aquella tarde me encontré con Rubén Matías, un amigo alto y desgarbado, un poco místico y cachazudo. Era un sinfín de metros. Metros por aquí y por allá. Quedamos en una cafetería. Bueno, a decir verdad, quedamos en el Molly Malone’s, donde yo daba los últimos retoques a la novela. No podía quedarse mucho tiempo, pero al menos era un amigo con el que poder hablar.
-¿Cómo te va la vida?
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Genera) por José Angel Barrueco el 25-03-2009
Mi vida era sencilla: me levantaba a las tantas, echaba algún vistazo a las ofertas y demandas de trabajo, a ver qué se cocía. Lo importante era el sexo en esos anuncios. Un porcentaje muy alto de lo que se anuncia en esas páginas versa sobre el sexo: masajistas, chicas de compañía, gays, travestíes, amas de casa con picores, jovencitas guarras y ardientes, machos para complacer… Pura porquería. En eso sí que no entro. ¿A dónde iba yo con un tanga y esta cara de muermo? Joder, valía más para animador de funeraria que para bailarín de solteras de discoteca. Bah, otra vez estaba soltando chorradas.
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Genera) por José Angel Barrueco el 24-03-2009
La generación a la que pertenezco, los nacidos a comienzos de los años setenta, es una generación manchada por el desencanto, mustia por las decepciones, desesperanzada, sin contraer matrimonio a los treinta, sin hijos, viviendo con los padres. Gran parte de mis amigos habían logrado un trabajo, cualquier trabajo, en otras ciudades, y algunos incluso consiguieron salir del país. Otros estaban, como yo, en el paro, paseando en las mañanas de los días laborables, con las manos en los bolsillos y el rostro derrumbado de frustración.
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Genera) por José Angel Barrueco el 23-03-2009
Me arrepiento de haber mentido entonces. Ella se encogió de hombros y miró hacia otro lado, quizá consciente de la magnitud de mis mentiras. Pero decidida, sin embargo, a mantener silencio y no escarbar en el fondo, por si al hacerlo salía a flote un pasado lleno de mierda y de personajes grotescos.
Préstamos. Los préstamos iban a terminar conmigo.
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Genera) por José Angel Barrueco el 20-03-2009
Solía gastar la pasta en anillos de plata, en parejas de pendientes y en flores, y también en ositos de peluche y a veces bragas y sujetadores con encaje. Un día compré uno de esos muñecos de peluche tan grandes que apenas tuvo espacio para él en su cuarto. Era un lobo.
Gastaba demasiado, es cierto. Empleé el dinero del prestamista en hacerla feliz. Y aún así…
-Ahorro mucho. Es una virtud que tengo.